Nací en un hospital, nada del otro
mundo. Mi infancia fue muy buena, iba al colegio y jugaba con mis
compañeros. Mi adolescencia tampoco estuvo mal, me faltó el primer
amor, es verdad, pero tuve otras cosas que hicieron que no lo echase
en falta. Y aquí estoy, después de 20 años, desde aquel hospital
donde estoy hoy. No estoy enferma, solo es una simple revisión para
el trabajo, algo rutinario, me a recordado que no todo el mundo está
bien y el gran mérito de los médicos, intentando curar a todas las
personas que aquí se encuentran. Acaba de pasar una camilla con
alguien tapado hasta la cabeza, supongo que la llevarán al depósito.
El día que yo nací, alguien murió, dejo un espacio en el mundo
para que yo pudiera ocuparlo, ¡todo un milagro!
Estoy en casa. Vivo en un piso de
alquiler con algunos amigos, muy buenos amigos. Es un pisito normal,
unos 80 metros y los muebles de rebajas. Pero, lo que más me gusta
sin duda alguna es la chimenea. Me encanta en invierno quedarme
mirando el fuego, no os ha pasado nunca que el fuego os atraiga como
de una manera mágica y no podéis dejar de mirarlo, a veces,
incluso creo que intenta decirme algo, pero siempre hay alguna
interferencia, la cafetera avisando de que esta hecho el café, una
puerta cerrándose, la tele o mis propio pensamientos.
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