Es curioso cómo casi siempre nos
aferramos a una imágen, cuando en realidad son miles y todas están
ahí, esperando a que abramos los ojos. La historia comienza así;
allá, muy lejos, en un bosque escarchado, donde la naturaleza
todavía conserva su inocencia, viven las hadas y silfos más
preciosos que puedas imaginar, todos ellos invisibles al mundo, y
apenados porque nadie los mira, nadie los consigue ver. En ese bosque
tan precioso se perdieron unos niños, todos tenían miedo, a todos
les asustaba lo desconocido, todos ellos tenían los ojos de un color
diferente a los demás, uno marrones, otro azules, otros
verdes...pero todos los colores eran mate, todos excepto uno, que los
tenía mezclados, una mezcla de verde, marrón, azul y gris.
Las hadas los llamaron, mas no
escucharon nada, así que decidieron acercarse y al hacerlo nadie los
vio, excepto el que tenía los ojos de muchos colores.
Al verlos se quedó fascinado de algo
tan bello y hermoso, al poco los encontraron sus padres, pero el de
los ojos no estaba, al preguntar a los niños dónde estaba
respondieron: “ no lo sabemos, solo dijo, prefiero vivir, y se
marchó”.

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